I. Con Calzador.

¿Quiénes son nuestros jugadores?

Magic es mi jugador, supongo que Michael Jordan también. Vuelta la burra a lo de las banderas. Luka Doncic es un bólido mental, un pepinazo cuando le dedicas vídeos, gusta muchísimo porque es buenísimo, vaya un inicio de columna, lleno de obviedades.


Me he dejado las pestañas editando vídeos del “Matraco” Margall, de Roberto Dueñas, de Rafa Rullán, por supuesto de todos los españoles que han jugado en la NBA. El disfrute por la imagen antigua parece no compensar lo fríos que tengo los pies cuando me meto en la cama de madrugada, pero tales jugadas con grano mantienen la calidez en mi corazón baloncestístico. A Doncic ya le hice un vídeo cuando tenía 13 años, en contra de mi religión (no darle bola pública a adolescentes de proyección) , pero es que no he visto tamaño talento e inteligencia. No sé qué camiseta llevan los buenos, solo los veo meterla o pasarla a un ángulo que solo ellos intuyeron. Gloria bendita.


II. Elogios destructivos.


Las declaraciones previas de los partidos son la ceremonia del elogio destructivo, aquel destinado a fomentar la relajación en el rival o al menos, la ausencia de razones para que se conecten por tu culpa. Ese runrún (existe en la RAE) que aburre a las ovejas busca eso mismo, el hastío de los demás, la falta de atención. Lo he hecho muchas veces en varios continentes, solo quieres que acabe el canutazo post entrenamiento para irte a tomar una cerveza con los ayudantes y reírte de algo o de alguien. Para compensar.


III. Padre de Suecia.


Hace unas semanas tuve alguna opción de entrenar a la Selección de Suecia, la absoluta, si. Al final el que se llevó el salmón al agua fue el compañero Hugo López.

Hace dos sábados, viendo un partido de la liga alevín de primer año de Madrid, un padre increpaba al árbitro por nosequé faltas no pitadas, el colegiado, un señor ya veterano, le pidió calma con las dos manos lo que encendió aún más al “júligan” con cámara de vídeo (rasgo inherente). El árbitro con una pachorra idónea mandó a la Delegada de Campo (madre del equipo local) a comunicarle un warning (según comunidades, si las malas formas reinciden, el padre-manager ha de abandonar el recinto o no se puede continuar el partido). La delegada fue a cumplir su misión, se acercó desde la cancha para explicarle y el tipo no se dio por aludido ¡vaya fenómeno! Tuvo que subir ella a la grada, dar toda la maldita vuelta a la instalación y decírselo a dos metros, la respuesta fue por parte de la cónyuge (o algo parecido) del maleducado. Dicha señora cogió del brazo a la delegada de campo gritándole que las protestas eran por la agresividad que había en la pista contra el equipo de su hijo. Dijo agresividad gritando, con todos sus ovarios.
Y mientras el marido se escondía en el visor de la cámara de vídeo. Si hubiera fichado por Suecia, me lo hubiera llevado de consultor.


Los entrenadores, cuando nos conviene, decimos que lo peor del deporte de formación son los padres, allí estábamos unos 20 padres y madres y solo uno (y media) hicieron el cafre. Los demás hacíamos chistes malos y animábamos a nuestros chavales, mientras pagamos nuestras cuotas y compramos lotería de Navidad del club.